miércoles, 3 de octubre de 2012

La sociedad maya dividida


Al comenzar el siglo XX, la península de Yucatán había quedado fragmentada políticamente en dos estados, Yucatán y Campeche, y un territorio de administración federal al que se dio el nombre de Quintana Roo. La población maya mantuvo un patrón cultural común, marcado por algunas diferencias regionales derivadas de su pasado reciente. Pero debido a la guerra de castas y al desarrollo de las haciendas henequeneras, los mayas quedaron divididos en tres grandes sectores:

a) los habitantes pobladores de los pueblos y ranchos;
b) los sirvientes de las haciendas, y
c) los cruzo’ob, quienes quedaron bajo el dominio del gobierno federal después de la caída de Chan Santa Cruz.

El porcentaje de indígenas radicados en las haciendas hacia 1862 ilustra sobre un incremento de la servidumbre agraria, especialmente en los partidos del noroeste como Mérida, Maxcanú, Izamal y Motul. En cambio, por efecto de la insurrección, en los partidos del oriente y sur, como Tizimín, Espita, Tekax y Peto un importante sector de indígenas vivía en ranchos libres.

El primer grupo, los indígenas de los pueblos de Yucatán y Campeche, continuó sufriendo la pérdida de sus tierras, mediante las mensuras de supuestos baldíos y la obligación de dividir los ejidos en parcelas de propiedad individual. Entre 1876 y 1910, debido a los continuos despojos, las haciendas aumentaron en número y en extensión. En Yucatán se consolidó una ambiciosa oligarquía de hacendados henequeneros estrechamente vinculada al capital extranjero que propició la conversión masiva de los indígenas en peones acasillados. El nuevo procedimiento para los despojos puede sintetizarse de la siguiente manera: el pueblo realizaba la medición de sus ejidos, el levantamiento de un plano y su división en lotes asignados a cada cabeza de familia y el Ministerio de Fomento se encargaba de entregar los títulos de propiedad correspondientes. Pero la pequeña propiedad en manos indígenas duraba poco tiempo ya que mediante el endeudamiento, la compra a bajos precios y otros mecanismos extralegales, los hacendados se apropiaron de las parcelas privadas. La organización política de los pueblos se vio afectada debido a que después del estallido de la guerra de castas las incursiones de los cruzo’ob hacían recordar en esta gran región los sangrientos años iniciales de la rebelión, por lo que el control sobre la población maya se hizo más fuerte. Así que, en cuanto fue posible, las repúblicas de indígenas que se mantuvieron fieles al gobierno blanco fueron marginadas como autoridades. En Yucatán se decretó su desaparición definitiva en septiembre de 1868; los indígenas principales dejaron de ser nombrados caciques y gobernadores y su autoridad fue disputada por la extensa clase de mestizos, que constituían la mayoría en muchas poblaciones. Las casas de audiencia y casas reales, que se construyeron de cal y canto a principios de siglo XIX con los fondos de las comunidades indígenas, fueron ocupadas por los ayuntamientos y se emplearon como los palacios municipales que todavía subsisten.

La continuidad en la usurpación de tierras y la pérdida del reconocimiento de los caciques mantuvo fuertes tensiones sociales en la región noroeste. Se conocen algunos movimientos indígenas de protesta en el interior de las fincas o en contra de la usurpación de tierras. El más importante parece haber sido el que ocurrió en el pueblo de Maxcanú, en septiembre de 1892. Los indígenas principales encabezaron una “partida” que, armada de escopetas y otras armas menores, se dio a la tarea de limpiar sus ejidos de propiedad privada y afectaron, entre otras, una hacienda propiedad de Eusebio Escalante Bates, uno de los más influyentes hacendados yucatecos. Algunos de los dirigentes del movimiento fueron aprehendidos esa misma noche, pero al día siguiente más de 400 indígenas armados irrumpieron en el juzgado y los pusieron en libertad. No parece haber duda sobre quienes encabezaron la revuelta y los detenidos tenían el rango de caciques. Los indígenas recorrían el poblado amedentrando a los habitantes blancos y lanzando gritos en contra de los hacendados. El gobernador Daniel Traconis tuvo que enviar un fuerte contingente de soldados yucatecos y federales para reprimir la protesta indígena. Al mismo tiempo, propició algunas negociaciones de paz con los jefes de la revuelta. También se tuvieron noticias de que en el pueblo de Calkiní los indígenas habían iniciado un movimiento similar en contra de los linderos de las fincas privadas. Frente a la presencia de los soldados, centenares de indígenas iniciaron un éxodo hacia los territorios del sur, que continuaban en poder de los mayas pacíficos. Según el propio gobernador Traconis, se trataba de una migración de familias completas, que llevaban consigo sus pertenencias y que tenían la pretensión de escapar al dominio del gobierno estatal. Entonces se temió una migración masiva de indígenas hacia las selvas, lo que representaba un serio peligro para la economía del estado.

La revuelta de Maxcanú y otras de menor magnitud no tuvieron la capacidad de generar un gran levantamiento armado pero permanecieron como brotes esporádicos de respuesta a los despojos de tierras. De manera general, en el noroeste, la clase dirigente indígena se adaptó en parte, a la nueva situación compartiendo en los ayuntamientos los puestos con los mestizos y criollos. Sus integrantes tendieron a mantener su prestigio en los cargos de los gremios, agrupaciones que habían sustituido a las cofradías como organizaciones del culto de los santos patronos, pero los mestizos también se inmiscuyeron en los gremios, así que desaparecieron esas importantes esferas de diferenciación. En Yucatán, a finales del siglo XIX, el término de “mestizo” había adoptado una connotación diferente a la que tenía en otras regiones y se refería a las personas de origen maya que con el tiempo aceptaron la influencia de la cultura de origen hispánica, aunque mantuvieran diversas características particulares de la cultura nativa como el vestido, el uso de la lengua maya y la vivienda. Los mestizos, autodenominados también “campesinos” o “pobres”, pretendieron diferenciarse, por igual, de los indios rebeldes y pacíficos a quienes la sociedad yucateca fuertemente impactada por la guerra de castas consideraba con mayor énfasis en estado de salvajismo. El liberalismo decimonónico les abrió importantes espacios de actividad social y económica que fomentó en ellos una identidad propia; la educación en español, los empleos asalariados en las haciendas y los cargos públicos en los municipios se convirtieron en mecanismos de ascenso en la escala social.

En los pueblos se integró una vertiente cultural que compartieron indígenas y mestizos sin perder cada grupo sus propias aspiraciones. Los primeros aportaron, entre otras cosas, los rituales agrícolas y domésticos, así como los conocimientos de la medicina tradicional. Los segundos, influyeron con una rica cultura derivada de su trabajo con el ganado durante los dos siglos que duró esta actividad en Yucatán. La vaquería, las corridas de toros, las carreras de caballos y la jarana son algunos ejemplos de la contribución que hicieron los mestizos a la cultura mestiza debido a que en parte ambos grupos compartían los mismos problemas y condiciones sociales.

El segundo sector de la población maya dividida, la servidumbre que vivía en el interior de las haciendas, sufrió una transformación gradual a partir de la década de los años sesenta del siglo XIX, provocada, sobre todo, porque las plantaciones de henequén sustituyeron al ganado como la producción principal de las fincas y a los intentos por establecer una reglamentación a su trabajo. Durante el gobierno imperial de Maximiliano se trató de convertir, sin éxito, a los sirvientes de Yucatán en trabajadores asalariados y en 1868 se emitió una ley en el estado de Campeche que sancionaba las relaciones de los sirvientes con las fincas, reconociendo el endeudamiento y el acasillamiento. El mercado internacional comenzó a demandar la fibra de henequén, tanto para las embarcaciones como para usos agrícolas y al terminar el siglo XIX prácticamente todas las antiguas haciendas ganaderas del noroeste yucateco se habían transformado en plantaciones de henequén. El cultivo de henequén para exportación obligó a que los colcabo’ob o luneros se convirtieran en peones acasillados de tiempo completo, porque las fincas demandaban abundante energía humana que no se podía satisfacer con el antiguo sistema de un día de trabajo semanal para la hacienda. Como resultado de este proceso los peones dejaron de producir en sus propias milpas de subsistencia y el maíz se empezó a adquirir en la tienda de raya con el salario obtenido por el trabajo en los henequenales. Este maíz era comprado a los campesinos libres y a diversas fincas situadas en la región sur que se dedicaron al abastecimiento de las aldeas de las fincas henequeneras. Asimismo, la desaparición de la ganadería extensiva en la zona henequenera significó la deforestación de la selva en un área de 80 kilómetros cuadrados alrededor de Mérida.

El sistema de plantación aplicado al cultivo de henequén se tradujo en una disciplina carcelaria para los trabajadores de campo. El endeudamiento y el acasillamiento se convirtieron entonces en una norma rígida y sancionada a través de una estricta reglamentación. Hasta 1860, aproximadamente la mitad de los sirvientes permanecía endeudado en las fincas con cantidades equivalentes a uno o dos años de salario. Pero después de la conversión de los luneros en peones acasillados la cantidad de los trabajadores endeudados y la magnitud de la deuda aumentaron significativamente. En las fincas se mantuvieron los castigos corporales, la aplicación del cepo y el encarcelamiento contra la indígenas, cuando esos procedimientos habían quedado en desuso en la mayor parte de las comunidades.

Por otra parte, las haciendas henequeneras contrataron a numerosos trabajadores mestizos y blancos para laborar en los trenes de raspa de las desfibradoras. Estos individuos eran por lo regular mejor tratados que los mayas, aunque no dejaban de ser considerados como sirvientes de las fincas y estaban igualmente sujetos por el endeudamiento. La diferenciación étnica era más fuerte en las haciendas que en los pueblos porque en ellas se mantuvo la forma de dominio social que se expresaba en una rígida jerarquía laboral fuertemente racista. En la cúspide estaban situados los administradores y mayordomos blancos. Debajo de ellos se encontraba un segundo grupo formado por los vaqueros y los trabajadores de las desfibradoras: maquinistas, plataformeros, raspadores, fogoneros, corchadores, etcétera, casi todos considerados como mestizos. El tercer grupo lo formaban los mayas, quienes por lo común se dedicaban a trabajos como el corte de pencas y la limpieza de los henequenales.

Por lo que se refiere al tercer grupo de la sociedad maya, la ocupación de su territorio por el ejército representó el establecimiento de una nueva forma de dominio. La antigua capital de los cruzo’ob recibió el nombre de Chan Santa Cruz de Bravo en memoria del general porfirista que la ocupó cuando ya se encontraba prácticamente abandonada. Bajo la administración de Bravo, el lugar fue convertido en un cuartel para mantener el control de la zona y el Balamnah se utilizó como barraca y posteriormente como prisión para cientos de delincuentes y deportados políticos que llegaron a esa nueva colonia penal desde diversos estados de la república. Los mayas insurrectos se internaron aún más en los montes para escapar del dominio del ejército federal. Bacalar había sido ocupada y el comercio con Belice fue cortado. Así que los mayas rebeldes sufrieron durante esos años persecución, enfermedades, despojos y hambre. Los soldados recorrían la selva en busca de los ranchos y las milpas de los indígenas para saquearlas y prenderles fuego. Carentes de municiones, sin unidad en el mando y diezmados, la respuesta militar de los cruzo’ob perdió.

En 1912, después del derrocamiento de Porfirio Díaz por la revolución iniciada en 1910, el general Ignacio Bravo fue revelado del mando en Chan Santa Cruz. Se liberó a los prisioneros políticos y se inició una nueva estrategia de acercamiento e integración. Se realizaron pláticas de avenimiento con algunos de los jefes mayas, y en 1915 el antiguo santuario fue devuelto a sus verdaderos dueños.

Entre los mayas rebeldes que sobrevivieron a la persecución surgieron nuevos caudillos: Dolores Cituk se convirtió en el tatich o patrono de la cruz, Juan Bautista Vega fue el secretario y actuaban como generales Guadalupe Tun y Silvestre May. Pero Chan Santa Cruz ya no volvió a recuperarse como capital y santuario maya. Una epidemia de viruela y desavenencias entre los caudillos condujeron a la división de los rebeldes en dos grupos. El primero, el del norte, con cabecera en el pueblo de Chunpom, al mando de Juan Bautista Vega, y el segundo, el del centro, con cabecera en Yokdzonot Guardia, al mando de Francisco May, en donde sepreservó con mayor rigor el culto a la cruz parlante.

martes, 2 de octubre de 2012

Características del pueblo maya

Las ciudades mayas eran centros ceremoniales monumentales con pirámides escalonadas y otros grandes edificios de uso religioso, así como observatorios astronómicos y grandes explanadas para desarrollar los rituales. A la llegada de los españoles ya habían sido abandonadas, pero se conoce su religión por la arqueología, ya que muchas ciudades mayas como Palenque, Chichén Itzá o Tikal han sido excavadas a partir del siglo XIX y han legado un patrimonio cultural impresionante.
También han llegado hasta la actualidad algunos de sus libros sagrados, como el Popol Vuh, y parte de sus creencias se han mantenido entre los descendientes actuales de los mayas que viven en el sur del actual México y en Guatemala, más de una treintena de grupos indígenas.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Cultura: Ciencias: Matemáticas

Utilizaban un sistema de numeración vigesimal posicional. También tenían un signo para representar el cero, y así poder realizar operaciones matemáticas complejas. Numeración Maya
El punto tiene un valor numérico de 1 y la raya de 5. Así podían contar hasta 19. Para hacer números mayores (igual que nosotros para hacer números mayores de 9) tenían que colocar esos signos en determinadas posiciones. Al ser un sistema vigesimal, o sea, que considera el 20 como unidad básica para la cuenta, cada espacio que se avanza en el número representa 20 veces más que el espacio anterior. Esto se entiende mejor si lo comparamos con el sistema que usamos nosotros.
El nuestro es un sistema decimal, o sea, que nuestra únidad básica de cuenta es el 10. Tenemos, por tanto, signos numéricos para contar del hasta 9. Si queremos contar más allá necesitamos jugar con las posiciones y colocar al menos dos signos numéricos, uno en primera posición y otro en segunda. La primera posición son las unidades y la segunda, como es un sistema decimal, representa 10 veces más que la primera, esto es las decenas. Así veinticinco nosotros lo escribimos 25 5 de unidades más 2 de unidades por 10 (2x10=20).
Un maya haría lo siguiente. € ______ La raya ocupa la primera posición, que son unidades, y por tanto es 5. El punto ocupa la segunda posición que significa 20 veces más de las unidades. Por tanto un punto en segunda posición vale 20 (y dos puntos valdrían 40).

miércoles, 26 de septiembre de 2012

religion maya....

La religión maya es una religión precolombina que estaba firmemente unida a la ideología reinante , de manera que más que dedicarse ésta a la veneración de los dioses, la religión se preocupaba de entender el por qué de las cosas, lo que nos lleva a definirla como una especie de filosofía precursora de la ciencia moderna. Así pues, no se pueden concebir por separado los descubrimientos científicos mayas, la ideología, y la religión, ya que todas tienen, aunque sea en un inicio, su origen en la fe y la creencia.
Cabe destacar la gran importancia de la religión en la vida cotidiana maya, ya que, además de edificarse templos, y de construir las ciudades alrededor de ellos, los ciudadanos mayas eran fuertemente creyentes, y los sacerdotes eran considerados parte de las altas esferas sociales, teniendo potestad absoluta sobre el saber, y por supuesto, un gran número de riquezas.
El papel de los sacerdotes estaba marcado por una serie de “clases” que los jerarquizaba y dividía según su nivel de actuación entre los hombres y los dioses. De esta forma, se encontraban los sacerdotes del Sol, que presidían los actos rituales, los profetas (chilán), que tenían la cualidad de entrar en una especie de trance y predecir qué iba a ocurrir en el futuro,… Todos los rituales llevados a cabo por los mayas eran programados y dirigidos por sacerdotes, los cuales eran fácilmente visibles debido a su indumentaria con pieles de jaguar, su hábito rojo, cuantiosas joyas, y cofias adornadas con flores.
Ahora bien, todos los rituales mayas tenían su origen en la mitología, por lo que ésta se puede considerar la base de la cultura maya. De acuerdo con esto, el culto se convertía en un marco y nivel medio de concreción de la mitología, y los ritos en los instrumentos identificados como el nivel inferior, siendo pues, la consecución de la lectura extraía por los sacerdotes de los mitos mayas. Entre los ritos que se producían en la sociedad maya, encontramos los del sacrificio, los de sangre, los de sacrificios humanos o animales

lunes, 24 de septiembre de 2012

esTRUCturas maYAS....


La vida en los grandes centros urbanos del prehispánico debía ser tan compleja como lo es en las modernas ciudades de la actualidad. Lo que se sabe de los mayas nos hace pensar así
En el artículo "Los mayas" de Howard LaFay se puede leer que:
"Desapareció la imagen del hombre maya como primitivo agricultor pacífico practicando ritos religiosos esotéricos en la quietud de la selva. El resultado es un pueblo guerrero lleno de vida, en numeroso insospechado anteriormente, que usó técnicas agrícolas muy avanzadas. Y al igual que los vikingos a medio mundo de distancia, comerciaban e invadían con brío".
La sociedad maya estaba organizada sobre la base de una marcada estratificación social, a la cabeza de la cual se encontraba la nobleza, los almenehoob ("los que tienen padres y madres"). Este grupo privilegiado monopolizaba el poder y la autoridad al ostentar los puestos políticos y religiosos. El gobernante supremo de la provincia era, como ya vimos, el Halach Uinik (o Halach Wíinik) en quien residía el poder absoluto sobre los asuntos terrenales y espirituales. Se le llamaba también Ahau; sus emblemas eran el escudo redondo y el cetro en forma de figura antropomorfa con cabeza de serpiente. El cargo de Halach Uinik era hereditario dentro de una sola familia, y pasaba del padre al hijo mayor.
El Halach Uinik era, al mismo tiempo, el Batab o jefe local de la ciudad en la que vivía, y tenía bajo su mando al resto de los bataboob o jefes locales de las poblaciones que conformaban la provincia. Como jefe supremo, recibía tributo, convocaba a los guerreros y formulaba la política.
En la guerra cada Batab comandaba a sus soldados, pero existía un comandante militar supremo llamado Nacom, que desempeñaba el cargo durante tres años y respondía directamente ante el Halach Uinik.
Después de los bataboob estaban los Ah Cuch Caboob, quienes administraban los barrios en los que se encontraba dividida la ciudad. Un cargo similar era el de los Ah Kuleloob, delegados que acompañaban al Batab, sirviéndole de ayudantes, portavoces y mensajero. Encontramos también a los funcionarios encargados de las cuestiones sociales y ceremoniales, llamados Popolna y Ah Holpop. Finalmente, la categoría más baja de funcionarios era la de los Tupiles, que hacían las veces de "alguaciles" o policías, manteniendo el orden y vigilando el cumplimiento de la ley.
El grupo de los sacerdotes, llamados genéricamente ahkincob (singular: Ahkin), tenía la misma categoría que los jefes o Bataboob. El "sacerdocio" también era hereditario y privativo de unas cuantas familias de la nobleza. El supremo sacerdote recibía el nombre de Ahuacán, que significa "señor serpiente". Sus actividades se relacionaban con el ritual, los sacrificios, la adivinación, la astronomía, los cálculos cronológicos, la escritura jeroglífica, la educación religiosa y la administración de los templos.
Debajo del Ahuacán estaban los sacerdotes llamados Chilames o adivinos, destinados a interpretar los designios que los dioses enviaban a los hombres a través de los oráculos. El encargado de llevar a cabo los sacrificios rituales y abrir el pecho de la víctima para sacarle el corazón era el Nacom, que no debe confundirse con el jefe militar a quien también se le llamaba así. Le ayudaban cuatro asistentes llamados Chacoob, quienes, además de sostener a la víctima, tenían otras funciones, como la de encender el fuego nuevo en el mes de Pop, ayunar y untar de sangre a los ídolos que recién se habían esculpido en el mes de Mol.
No hay duda sobre el lugar que ocupaban los mercaderes profesionales (Ppolom) en la escala social. Eran miembros de la nobleza, no sólo por descender de los navegantes putunes conquistadores de esa tierra, sino por tener en sus manos esa importante actividad económica. Así, el cronista Antonio de Herrera y Tordecillas en su Historia general de los hechos de los castellanos en las islas y tierra firme del mar océano señala:
"En esta tierra de Acalán, usaban hacer señor al más caudaloso mercader, y así lo era Apoxpalón, que tenía gran trato de algodón, cacao, esclavos, sal, oro, aunque poco y mezclado con cobre, y otras cosas; y de caracoles colorados, para atavíos de las personas, resinas y sahumerio para los templos y tea para alumbrarse, colores y tintas para pintarse en las guerras y fiestas y para teñirse par defensa del calor y del frío y de otras mercaderías que habían menester..."

viernes, 21 de septiembre de 2012

Religión de los Mayas

Religión panteísta , ya que adoraban a la naturaleza y los fenómenos atmosféricos.
Religión Politeista, ya que adoraban a varios dioses.

Dioses Mayas
Poco se sabe sobre las tradiciones religiosas de los mayas, la religión mayense todavía no es entendida completamente por los estudiosos. Así como los aztecas y los incas, los mayas creían en un recuento de la naturaleza cíclica del tiempo. Los rituales y ceremonias se asociaron con ciclos terrestres y celestes que fueron observados y grabados en calendarios mayenses. Los sacerdotes mayas tenían la tarea de interpretar estos ciclos y hacer un panorama profético sobre el futuro o el pasado basándose en el número de las relaciones de todos los calendarios. Los sacerdotes se purificaban mediante el ayuno, la abstención sexual y la confesión. Normalmente se aplicó la purificación antes de grandes eventos religiosos. Los mayas creían en la existencia de tres planos del cosmos o universo, a saber : la tierra, el cielo y el inframundo.

El grupo sacerdotal era, en realidad, el de mayor poder, ya que la autoridad religiosa tenia en sus manos todo el conocimiento científico, que era fundamental para la vida en comunidad. El sumo sacerdote era llamado Ah K’in May o Ahau Kan Mai (señor serpiente) y controlaba los rituales y las ciencias, escribía los códices mayas, tanto religiosos como históricos, administraba los templos y era el consejero de el Halach Uinik (máximo gobernante, jefe maya). Los sacerdotes menores eran llamados ahkin, tenian varias funciones como pronunciar discursos basados en los códices mayas.
Las matemáticas

Los mayas (o sus predecesores los Olmecas) desarrollaron independientemente el concepto de cero (De hecho, parece que han estado usando el concepto siglos antes de que el Viejo Mundo los conociera), y utilizaron un sistema de numeración de base 20.

Produjeron observaciones astronómicas extremadamente precisas, sus diagramas de los movimientos de la Luna y los planetas son iguales o superiores a los de cualquier otra civilización que ha trabajado sin instrumentos ópticos.

En común con las otras civilizaciones mesoamericanas, los mayas midieron la longitud del año solar con un alto grado de precisión, con mucha más precisión que el utilizado en Europa (Calendario Gregoriano).